Análisis COVID-19: Lo que sabemos, y qué esperar para la República Dominicana

Ricardo Pérez Fernándezrperezfernandez@gmail.com

Es imposible, tanto para la República Dominicana como para el resto del mundo, saber cuándo ni cómo terminará la pandemia del Covid-19. Esta imposibilidad viene dada por el hecho de que existen una multiplicidad de factores, todos inciertos, que combinados serán los que determinarán de qué manera superaremos esta crisis, y cuales secuelas dejaría la misma al momento de que logremos su control o extinción.

¿Mutará el virus para fortalecerse, o experimentará —a causa del calor, por ejemplo— una involución que lo debilite? ¿Funcionarán las cuarentenas ya implementadas en detener o aplanar la curva de contagios? ¿Por cuánto tiempo?

¿Cuándo tendremos pruebas de detección suficientes? ¿Cuándo tendremos pruebas efectivas de anticuerpos que nos permitan entender cuan avanzados o retrasados vamos en la cronología de esparcimiento del virus? ¿Construiremos, los seres humanos de todo el mundo, ya sea de manera natural o como resultado de “la inmunidad de grupo”, resistencia suficiente como para reducir el contagio y la mortalidad del virus? En fin, de las respuestas a estas y muchas otras preguntas es que dependerá, finalmente, la magnitud y la duración que tendrá esta pandemia provocada por el SARS-Cov-2.

Sin embargo, con la información disponible a este momento y recurriendo responsable y moderadamente al ejercicio de las proyecciones, sustentadas únicamente en observaciones ya disponibles, existe la posibilidad de construir varios escenarios que pueden ilustrarnos sobre el porvenir.

Al día de hoy sabemos a ciencia cierta que este nuevo Coronavirus, causante de esta pandemia, no ha presentado ninguna mutación significativa. Esto, a partir de la más reciente información proveniente de la comunidad científica que da seguimiento a esa particularidad del virus. A partir de esta información previa podemos asumir que, siendo la estructura genética del virus la misma que ha exhibido desde un inicio, las proyecciones originales referentes a cómo y en cuáles proporciones nos afectaría, se mantienen. A saber: que entre un 80% y un 85% de quienes contraigan el virus no presentarían ningún síntoma, o unos muy leves y confundibles con cualquier otro proceso viral; que entre un 15% y un 17% de los infectados necesitarían alguna asistencia médica, ya fuese esta un tratamiento de medicamentos o una intervención efímera —ligada a la función respiratoria— en algún centro de salud; y que entre un 3% y un 5% necesitarían de un internamiento para poder hacer frente a los síntomas provocados por el virus.

En otro orden, también hemos podido observar que la Tasa de Mortalidad del virus por rangos etarios, con variaciones no muy significativas entre países, continua siendo la que desde un inicio se ha proyectado, y que vemos a continuación: